The Dying Animal + Elegy +The Human Stain + Everyman + The Professor of Desire + Exit Ghost ... podemos seguir la suma sin temor a perder el hilo de un argumento recurente basado en la continua reflexion sobre la muerte, la enfermedad, el dolor, la vejez, el deseo insatisfecho... todas aquellas miserias que arrastran al hombre por una escalera hacia la decadencia y la humillación con la misma fascinante y arrolladora energía con la que lo encumbran por esos mismos peldaños. La escalera que va del infierno al paraíso en Dante o la escalera espiral e imposible de Mauritis Cornelius Escher. Philip Roth sabe hablarnos de la vulnerabilidad humana con desgarradora y deslumbrante sinceridad pero con ese gran sentido de la ironía con el que, gracias a Yahvé, se dotaron algunos narradores judíos.

Algo de cada una de las obras mencionadas está presente en el guión de Elegy, el último film de Isabel Coixet, pero es en The Dying Animal en donde apoya más firmemente su trama. Voy a pasar por alto el elogio a Ben Kingsley y la fría indiferencia que me produce Penélope Cruz (en cuya belleza reconozco, sin embargo, requisitos a los que la cámara se rinde sin demasiada resistencia). Me detengo sólo brevemente en mencionar los modos correctísimos de Coixet, esa excelente cineasta devorada por su excesiva sensibilidad por la belleza formal. También decir que otro exceso formal se detecta en ese guión hiperpulcro y decidido a no desmerecer la inteligencia de la novela de la que parte y, por eso mismo, falto del toque personal de otros trabajos de Isabel.

Hasta aquí mi tímido intento de reseña cinematográfica. Pero yo en realidad no quería hablar de Elegy sinó de mi vida. De mi vida sin mi, diré, parafraseando a la directora de cine de la que acabo de hablar. Alrededor de la sesión de cine, fría la noche de abril en la Gran Vía de Madrid, suceden cosas que puedo contemplar alejada de mi misma como una espectadora con los ojos y la boca abiertos de par en par, como una herida, como una puerta. ¿Esa que está ahí soy yo?¿cómo he llegado a ser esa persona?¿quién me acompaña? Todo es pasado, todo ha sucedido y todo está a punto de canviar. Esta es la noche de Max Estrella y Don Latino, bendito callejón del gato. En un giro del tiempo se moverá enteramente la urna de cristal sin que se caiga al suelo ninguna de las figuritas. Esto es La lámpara maravillosa de Valle-Inclán, que me trajo aquí entonces y de nuevo ahora, esto es Paul Auster y su música del azar, Baudelaire con sus correspondencias. Y al poco aparecerá Modiagliani y sus mujeres desnudas, - mi cuerpo en la cama de esa habitación de moqueta y tapiz-, desnudas como en la reproducción de la portada de la novela de Roth para la edición inglesa. Mientras, en la plaza de Santa Ana, siempre es todavía.
Rosa de sanatorio, yo en medio de Madrid, estoy en el centro el Ruedo Ibérico, del círculo. Vida circular. Quizá nunca me moví de aquí. Y llueve. Sin parar, una lluvia suave, floja y helada. No me molesta. Al cabo me fijo en que caen minúsculos pedacitos de papel. Son las páginas de una agenda hecha trizas. ¿Me atreveré?