Catherine Deneuve fotografiada por Ann Zane Shanks tras una conference de prensa de Belle de Jour en New York en 1968.
La belleza es tu cabeza es una frase-grafitti que leo amenudo en las paredes de las calles de mi ciudad. ¿Te preguntas porqué dice "es" no "está en"? Yo sí. Cada vez. El dilema se me plantea al principio como un ser o parecer. Sabemos que el es indica una plena identificación y una durabilidad que el estar nos escamotea. Cuando veo fotos como la de arriba me pregunto también si Cateherine podría estra tan bella (como reconoce los modernos cánones occidentales) si no lo fuese. Pero si la frase se refiere a que la belleza es lo que piensas y no lo armónico de tus rasgos (según los modernos cánones occidentales), entonces entiendo porqué siempre he pensado que no tengo ni un sólo amigo feo. Ni uno sólo, es increíble y me llena de orgulllo y satisfacción. Sólo me queda la duda de saber si Catherine Denueve podría ser una de mis amigas. Me fiaría más de mi intuición, de mi cabeza.
Además de la discriminación absoluta que han sufrido las mujeres en el mundo laboral, hay algunas profesiones que se resistieron y siguen resistiéndose a acogerlas definitivamente. Una de ellas es la de payasa. La figura femenina en el arte siemrpe se asoció a lo plástico en lo visual y a lo dramático en los contenidos. Pero la comedia y sus pasos subsiguientes: absurdo, parodia, esperpento, ... no cuentan con mujeres destacadas. En nuestro país muchas mujeres han intentado enmendar la plana. Es de ley recordar a Mary Santpere. Más cercano a nuestros días es inevitable hablar de Paz Padilla. Yo hoy destacaría con letras luminosas a Yolanda Ramos.
Pero más allá de la comedia, en el payaserío propiamente dicho, existe una especie especial: el clown. Y la clown. Esas aves raras de la sonrisa, la risa y la carcajada han encontrado ahora un espacio en la sala ALMAZEN de Barcelona que,a su vez, ha tendio un puente hacia la Off-Villarroel. En marzo la pallasa invitada es Cristi Gabo, creadora del personaje más sangrientamente entrañable de los escenarios: Nosferata. La vampira mentalista más tronchante de la pista. Ya lo anuncia el cartel anunciador: Si no mueres desangrado, morirás de la risa. Las coordenadas están dadas, pongan ustedes ahora la hemoglobina o la ganas de reir.
Por fin pude ir a ver la peli. He vivido inmersa en muchas chungui-cosas que, además de hacermelo pasar mal, me robaban el tiempo para ir a disfrutar chachi-cosas como No me pidas que te bese porque te besaré. Buena, buena, buena... una sonrisa en la boca desde el primer frame. ¿Le encontré defectos? Por supuesto, bien sabemos que... nadie/da es perfecto ;) Me mojo y digo uno que, en realidad, es un piropo: a veces la peli se demora demasiado en los aciertos, prolonga, creo, más allá de lo necesario los hallazgos afortunados. Psse, sí, creo que ese sería mi principal crítica. Pero eso queda medio borrado por la luminosidad de toda de película. Todito desprende luz, la piscina, las casas, el césped, los primeros planos de los personajes, hasta la noche... y las miradas de Eloy Azorín. Bien, voy a ir cortando el rollito y a felicitar sinceramente a Albert Espinosa y su equipo por este trabajo. Si además he de decir algo de la escenas de baile de Golan y su "gemelo", pues, no me pidáis que lo diga porque aún estoy sin palabras.
Que desde ya declaro que me gustas. ¿Vale? Pues vale. Ahora: al pan, pan y al vino, vino. Que yo vi el vídeo del Niu yor times y, a pesar de mi evidente pésimo dominio del anglosajo-idioma, juraría que ahí decías que un poco cazurriles somos los españolitos nos guarde Dios, una de las dos Españas ha de darnos el corazón etc., etc. Y, oye, que tampoco pasa nada. Que si tras tu triunfo allende fronteras tienes esa percepción del modo como, verbigracia, eres percibido, pues lo dices y aquí paz (Vega, que allende no triunfa tanto como tú) y después gloria (Gaynor, la de lloviendo mens que si son como tú: venga el diluvio universal). Dices que la periodista se disculpó (¿de qué?) y que se le ha dado más bombo al malentendido (¿de quién?) que al desmentido del equívoco (¿al cómo de lo cuálo?). Naturaca: es que así semos, así semos... que ya lo deberías sabes desde que hiciste aquel spot tan guapo de Osborne.
En fin, Bardemcillo de mis entretelas, que no nos estresemos más con este tema y vamos a poner un poco más de atención en la elección de los próximos trabajos. Porque si te lo has pasado bien durante esas vacaciones en Barcelona, con tu novia, al lado del amigo Woody, que también estaba de hollydays, y morreando a una morena y una rubia, mientras te gravabas un vídeo millonario de recuerdo, pues olé por ti porque puedes y porque lo vales. Pero mira que lo próximo sea una peli de las de verdad. Mayormente para no quitarnos el buen sabor de boca de que nos dejó tu interpretación del Chigurh de los Coen. En honor a la verdad diré, no obstante y para que no parezca que me ciego de pasión por tí, que ese estereotipo de los psicópatas con querencia por plancharse el cabello nunca me ha cabido bien en la cabeza.
Póngame a los pies de su señora novia y reciba mis más calurosas muestras de cariño, suya afectísima.
Síndrome post- vacacional: ¿existe? ¿podría ser uno de esos padecimientos que, según dicen, inventan en comandilla médicos (en este caso psicólogos) e industrias farmaceúticas? Tamaña teoría de la conspiración quedaría, a mi juicio, refrendada con noticias como: "Rumores de boda de la Duquesa de Alba", "Raquel Mosquera nuevamente ingresada en la López Ibor", "Operada la real pituitaria de Doña Letizia"... suma y sigue. Yo, alma cándida, me deprimo. Y quiero regresar, quiero pero no sé a dónde debo regresar.
Y eso que la que escribe el post volvía, de este paréntesis vacacional, más sabía de la vida y con el chic remozado, más estilosamente madura que nunca después de la apasionada y apasionante lectura del libro de Boris Izaguirre "Morir de glamour". Ipso sigo una de sus recomendaciones y me compro el ¡Hola!, ese Quijote del siglo XX que perdura en nuestros días, dispuesta a preparar el otoño y lo que se tercie. Pero no sé, no puedo, con este tipo de noticias no encuentro el ánimo. Voy a necesitar algo más que el ¡Hola!; tal vez más libros de Boris. Que si me estás oyendo-leyendo, darling, te cuento: excepto "Villa Diamante", encantador finalista del último Planeta, tienes el resto de la obra agotada-descatalogada. Habla con tu representante literario o me veré en la penosa obligación de leerte de segunda mano. No es que les haga ascos a los libreros de viejo pero hay libros para leer de segunda y hay libros que deben ser desvirgados oliendo a papel nuevo y a tinta. Los tuyos son de éstos últimos, sin discusión.
Sigo en el páramo: la casa de Jaqueline de la Vega en Bali, con sus dimensiones de campo de futbol a la balinesa ya la conozco como la palma de mi mano, y la boda de Lequio con María Palacios, ¡oh! finjamos sorpresa y alegría, es como un deja vu para todos menos para María, claro.
Decidido, no deshago las maletas, me voy. Concedo a la actualidad una semanita más. La ansiedad nunca nos hará más elegantes.
Decía Oscar Wilde que sólo el raso amarillo nos puede consolar de todos los sinsabores de la vida. Y la música, añado yo que no soy Wilde, ni lo seré nunca. Hoy he ido a por todas y he llenado mi espacio con músicos tan buenos, tanto... que me siento en un viaje lisérgico sin haber tomado nada. Pero me lo merecía. He oído un número tan grande de malas noticias en las últimas horas que era imprescindible para mi alma, eso, el consuelo. La música. Un amigo me decía hace poco que la música es una cabrona. Que lo invade todo. Que sin permiso y sin verguenza te cambia el ánimo y te habla de ánima a ánima en desnudo, sin otro lenguaje que el suyo propio que se hace entender en todos los rincones del mundo. Está bien. de todas las agresiones que puedo llegar a sufrir en el día a día, voy a dejar que la música sea la que menos me moleste. La que no me moleste nada.
The Dying Animal + Elegy +The Human Stain + Everyman + The Professor of Desire + Exit Ghost ... podemos seguir la suma sin temor a perder el hilo de un argumento recurente basado en la continua reflexion sobre la muerte, la enfermedad, el dolor, la vejez, el deseo insatisfecho... todas aquellas miserias que arrastran al hombre por una escalera hacia la decadencia y la humillación con la misma fascinante y arrolladora energía con la que lo encumbran por esos mismos peldaños. La escalera que va del infierno al paraíso en Dante o la escalera espiral e imposible de Mauritis Cornelius Escher. Philip Roth sabe hablarnos de la vulnerabilidad humana con desgarradora y deslumbrante sinceridad pero con ese gran sentido de la ironía con el que, gracias a Yahvé, se dotaron algunos narradores judíos.
Algo de cada una de las obras mencionadas está presente en el guión de Elegy, el último film de Isabel Coixet, pero es en The Dying Animal en donde apoya más firmemente su trama. Voy a pasar por alto el elogio a Ben Kingsley y la fría indiferencia que me produce Penélope Cruz (en cuya belleza reconozco, sin embargo, requisitos a los que la cámara se rinde sin demasiada resistencia). Me detengo sólo brevemente en mencionar los modos correctísimos de Coixet, esa excelente cineasta devorada por su excesiva sensibilidad por la belleza formal. También decir que otro exceso formal se detecta en ese guión hiperpulcro y decidido a no desmerecer la inteligencia de la novela de la que parte y, por eso mismo, falto del toque personal de otros trabajos de Isabel.
Hasta aquí mi tímido intento de reseña cinematográfica. Pero yo en realidad no quería hablar de Elegy sinó de mi vida. De mi vida sin mi, diré, parafraseando a la directora de cine de la que acabo de hablar. Alrededor de la sesión de cine, fría la noche de abril en la Gran Vía de Madrid, suceden cosas que puedo contemplar alejada de mi misma como una espectadora con los ojos y la boca abiertos de par en par, como una herida, como una puerta. ¿Esa que está ahí soy yo?¿cómo he llegado a ser esa persona?¿quién me acompaña? Todo es pasado, todo ha sucedido y todo está a punto de canviar. Esta es la noche de Max Estrella y Don Latino, bendito callejón del gato. En un giro del tiempo se moverá enteramente la urna de cristal sin que se caiga al suelo ninguna de las figuritas. Esto es La lámpara maravillosa de Valle-Inclán, que me trajo aquí entonces y de nuevo ahora, esto es Paul Auster y su música del azar, Baudelaire con sus correspondencias. Y al poco aparecerá Modiagliani y sus mujeres desnudas, - mi cuerpo en la cama de esa habitación de moqueta y tapiz-, desnudas como en la reproducción de la portada de la novela de Roth para la edición inglesa. Mientras, en la plaza de Santa Ana, siempre es todavía.
Rosa de sanatorio, yo en medio de Madrid, estoy en el centro el Ruedo Ibérico, del círculo. Vida circular. Quizá nunca me moví de aquí. Y llueve. Sin parar, una lluvia suave, floja y helada. No me molesta. Al cabo me fijo en que caen minúsculos pedacitos de papel. Son las páginas de una agenda hecha trizas. ¿Me atreveré?