
Estoy leyendo El hombre que soñaba demasiado, el libro en que Gonzalo Suárez intentó novelizar sus memorias y levantar acta de alguno de sus mil sueños, por si acaso. Y, de ¿casualidad? cae en mis manos una noticia de septiembre de 2007 sobre la posibilidad de que las personas puedan intervenir en sus sueños. Explicación: suelo recortar y guardar durante meses o años noticias que creo que me van a interesar en otro momento aunque, aviso, no tengo desarrollado ningún sistema para saber cuándo es llegado ese momento.



Darse cuenta que el sueño es un sueño y seguir participando, interactuando desde esa suerte de semiconsciencia permitiría, tal vez, resolver problemas, superar angustias, aprender sobre deseos ocultos en el desván de uno mismo... El artículo ( firmado por Jean Bader para The New York Times) valoraba positivamente esa puerta, una más, que deja abierta nuestra mente a otros estadios de la realidad. Todo ello sin dejar de distinguir entre contenido manifiesto y contenido latente, mucho más valioso éste que aquel, of course. Al parecer, amigos y amigas que leéis este blog entre cabezadita y cabezadita, durante la fase REM ciertos centros nerviosos tienen carta blanca para actuar a escondidas del córtex lateral prefrontal, donde nuestra aburrida capacidad de raciocinio funcional dormita disfrutando de sus merecidas horas de descanso, pobre.
A mi, a pesar de la angustia que me han provocado algunos de mis sueños, la idea me gusta bastante. A Gonzalo estoy segura que también: las señoras estupendas que aparecen en sus variadas y múltiples ensoñaderas le han dado y le dan para películas, libros y, tal vez, para saber que mientras existan fantasmas nunca estaremos sólos, especialmente si el fantasma más persistente es el de la bella muerte y tiene cara de Charo López.
pD: Con vuestro permiso archivaré este post en la categoría de Los confines, inicialmente dedicada a viajes cuando pensé, tiempos, que en ella reseñaría cuantos periplos y andanzas me deparara la vida. Mira, que soñarme viajando puede que me lleve a dejar este apartad rebosante de textos.



