Categoría: Papel mojado (literatura)
19 Diciembre 2006
No tengo mucho que decir, ni poco. Si me esfuerzo podré escribir sobre cualquier tema hoy. Pero tal vez no deba. Leo otros blogs. Vida de otra gente. Algunos se sieten leídos aquí, en la blogosfera. Se sienten parte de una comunidad. La revista Life ha dedicado su portada a los internautas como colectivo, LAs malas lenguas dicen que por no publicar a Chavez en sus míticas portadas que era lo que tocaba. En fin. Viva el internauta.
He paseado por la ciudad. He visto dos casa de okupas. Una se llamaba La muerte. Me he asomado a la puerta abierta y he visto a un grup de gente reunidos; parecía una asamblea. Tal vez comentaran el último desalojo acontecido en esta ciudad. Ha sido muy mediático. A su pesar, imagino. No me han visto. Si hubieran mirado hacia el umbral de su casa okupada hubieran visto un problema de vivienda con patas. Es decir, a mi.
Ahora volveré a salir a la calle. No tengo más remedio ni ningunas ganas. Hace frío. Debo escribir a un amigo, debo hacer varias llamadas telefónicas. Lo haré sin muchas ganas, ni pocas.
Quisiera escribir algo poético en lo que reconocerme. Pero no lo haré. No sabré nunca si es por falta de ganas, por torpeza, por vagancia. Existen demasiadas cosas sobre las que escribir y yo me decido por no escribir sobre ninguna. El eterno tema del tema. Sin tema. Temática. Por temas. Retomar el tema.
servido por bambu
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13 Noviembre 2006
Consejos para extranjeros
Cuando leo ciertas declaraciones sobre política de inmigración no puedo evitar acordarme de estos versos del poeta Jorge Reichmann (Madrid, 1962):
Consejos para extranjeros
En la ciudad donde no puedas
decir la verdad,
decirla.
En la ciudad donde puedas
decir la verdad, trabajar
para convertirla en mentira.
Cuaderno de Berlín
Ayer lo busqué para copiar las palabras exactas y encontré otras que expresaban muy bien lo que yo siento antes las mencionadas ciertas declaraciones; Reichmann se refería a Nicaragua cuando escribió este libro pero el mensaje que me llegó es que los amos del mundo estrangulan a los países pobres y después tienen la poca vergüenza de recriminarles que respiran mal, lento y poco. Tenía unos ventisiete años cuando escribió este su segundo libro de poemas, había estudiado en Alemania, ya estaba “metido en política y ecología”, y guardaba derrotas en su "morral verde" mientras recorría “el lento, riguroso, solitario proceso de llegar a ser sujeto”. Os recomiendo muchos de sus poemas, y sobre todo, hoy, os recomiendo sus ensayos. En especial Gente que no quiere viajar a Marte.
Una vez compartí tren nocturno Barcelona-Madrid con este poeta y ensayista. Él no lo sabe pero le miré mucho aquella noche; habló y tomó algo en el wagon restaurante con alguien del grupo con el que yo viajaba. Yo le miraba desde cierta distancia y el traqueteo me impedía escuchar de qué conversaban. Era la primera vez que veía un poeta de carne y hueso. Al poco tiempo un amigo me regaló un libro de poemas de Riechmann, Cuaderno de Berlín, con una dedicatoria que auguraba futuro a nuestra amistad. Lo cierto es que hoy la dedicatoria hace este libro más valioso pero también más triste. Sin embargo de eso no tiene culpa Riechmann a quien, al paso del tiempo, he seguido leyendo. Eso a pesar de que yo leo muy poca poesía. Pero a Riechmann tengo la necesidad de leerle. Tal vez porque fue el primer poeta de carne y hueso que había visto. Tal vez porque, aún siendo personas inmersas en realidades muy diferentes, cuando habla del mundo en que vive sé, conozco, siento, constato que es el mismo en el que vivo yo. Un mundo que no ha cambiado tanto desde aquel 1992 cuando le ví en el tren, ni desde aquel 1989 cuando el publicó Cuaderno.
En ese libro habla de la muerte que sabe vivir en el cuerpo de los vivos, de las increíbles veces en las que un amor llena todos los lechos de un hombre, del vacío que el desamor ocupa a los pies del lecho, de ser extranjero, de ciudades medio partidas, de ser hombre, de ser mujer, bella mujer, caja de supermercado y de la verdad, de “las verdadedes con pedigrí/” que “son los más incómodos animales domésticos”.
No sé, hoy me pareció no mala idea que alguno de ustedes le lea y disfrute de su pensamiento intenso, aún si no se está de acuerdo con él, y vea de seguirle un poco la pista. Yo trato de no perdersela. Es un tipo bastante entero.
servido por bambu
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22 Septiembre 2006
Yo saco la basura a la calle
envuelta con papel y cuidado.
Quedan allí mezcladas, las sobras de la vida,
cáscaras del tiempo y recortes del alma.
Las dejo en la vereda con tristeza
porque son restos de fruta, de comida,
y de literatura
con las cuales
uno jugó a vivir, o se creyó existente.
Y también porque, acaso sin nosotros saberlo,
alguien nos haya envuelto
con papeles de cielo, con nubes de cuidado
y estamos a la orilla del universo
y nadie nos despide.
Yo saco la basura, la dejo en la vereda,
y le digo: Adiós.
Jorge Calvetti
servido por bambu
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4 Agosto 2006
LOCURAS DE BROOKLYN de Paul Auster (Anagrama / Edicions 62)

Yo, que no acostumo a hablar abiertamente de mi vida en este blog, hoy les voy a confesar un secreto. El escritor norteamericano Paul Auster, de tanto en tanto, se acerca a mi, en cualquier momento del día o de la noche, y me cuenta historias. Sí, como lo oyen:le tengo, como una Sherezade comtemporánea, contratado por una cantidad módica y cumple con ese servicio una o dos veces al año. No me las cuenta de una vez, sinó poco a poco, en una semana,semana y media como máximo. Escoge casi siempre los mismos lugares para explicarme sus historias: el metro, mi habitación o, muy de tarde en tarde, la mesa de un bar. Últimamente me ha explicado la historia de un hombre jubilado, convaleciente de una dura enfermedad, divorciado y cansado de su vida. Un hombre que, con intención de acabarla más pronto que tarde, se instala en el barrio de su infancia Brooklyn. ¿Cómo? ¿Qué esa es el argumento de su última novela y que no me la ha contado a mí en exclusiva sinó que la pueden conocer cualquiera de los que han comprado su libro? Efectivamente. Ha sido a través de su libro como también yo he conocido la historia. Pero ahí está la Gracia,con mayúscula, que es el don con el que ha sido tocado Auster: en que, por lo que a mi respecta, esta historia me la cuenta a mi como un amigo con el que quedas una tarde. Es un relato que crece ante mis ojos poquito a poco, sin prisa pero sin pausa, con un inconfundible toque de narración oral, confidencial en la que, incluso, a veces tengo la sensación de que ni él, narrador, ni yo, sabemos qué va ha suceder en el párrafo siguiente. Como sucede en la vida, en la más programada y sentenciada de las vidas, todo es posible que suceda al doblar cualquier esquina. Cualquier esquina de cualquier barrio; el de Brooklyn, por ejemplo.
servido por bambu
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21 Junio 2006
Yo, que no acostumo a hablar abiertamente de mi vida en este blog, hoy les voy a confesar un secreto. El escritor norteamericano Paul Auster, de tanto en tanto, se acerca a mi, en cualquier momento del día o de la noche, y me cuenta historias. Sí, como lo oyen:le tengo, como una Sherezade comtemporánea, contratado por una cantidad módica y cumple con ese servicio una o dos veces al año. No me las cuenta de una vez, sinó poco a poco, en una semana,semana y media como máximo. Escoge casi siempre los mismos lugares para explicarme sus historias: el metro, mi habitación o, muy de tarde en tarde, la mesa de un bar. Últimamente me ha explicado la historia de un hombre jubilado, convaleciente de una dura enfermedad, divorciado y cansado de su vida. Un hombre que, con intención de acabarla más pronto que tarde, se instala en el barrio de su infancia Brooklyn. ¿Cómo? ¿Qué esa es el argumento de su última novela y que no me la ha contado a mí en exclusiva sinó que la pueden conocer cualquiera de los que han comprado su libro? Efectivamente. Ha sido a través de su libro como también yo he conocido la historia. Pero ahí está la Gracia,con mayúscula, que es el don con el que ha sido tocado Auster: en que, por lo que a mi respecta, esta historia me la cuenta a mi como un amigo con el que quedas una tarde. Es un relato que crece ante mis ojos poquito a poco, sin prisa pero sin pausa, con un inconfundible toque de narración oral, confidencial en la que, incluso, a veces tengo la sensación de que ni él, narrador, ni yo, sabemos qué va ha suceder en el párrafo siguiente. Como sucede en la vida, en la más programada y sentenciada de las vidas, todo es posible que suceda al doblar cualquier esquina. Cualquier esquina de cualquier barrio; el de Brooklyn, por ejemplo.
Don Auster ha sido galardonado con el Príncipe de Asturias; el premio, claro. Príncipe de las letras, nobliza obliga y todo eso. Bravo de una no monárquica.
servido por bambu
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