Publicidad:
La Coctelera

Bambú

La realidad nos da caña ¿por qué no devolvérsela?

27 Julio 2006

¿Por qué la guerra?

"¿Por qué la guerra? (editorial Minúscula, Barcelona, 2001) o el día que Albert Einstein preguntó a Sigmund Freud: "¿Hay una manera de liberar a los seres humanos de la fatalidad de la guerra?"

He aquí un libro que es necesario leer, hoy más que nunca, cuando abundan argumentos a favor de apretar de nuevo el gatillo de la insensatez histórica. Lo componen dos textos rubricados por los apellidos más emblemáticos de la intelectualidad europea: Einstein y Freud. El físico y el psicoanalista por excelencia del siglo XX intercambian aquí sus reflexiones sobre el apocalíptico caballo de la guerra en un cruce de epístolas clarividentes. Cuando se produjo el intercambio de misivas, entre julio y septiembre de 1932, en Europa resonaban aún los ecos de su última y macabra galopada.

Así pues estos textos están ahí, dispuestos a ser leídos, desde los años treinta del pasado siglo y hoy, la editorial española Minúscula los ha traducido al castellano y los ha reunió bajo el inquisitivo título de "¿Por qué la guerra?" añadiendo a su, de por sí, indudable interés un estudio introductorio del sociólogo italiano Eligio Resta, "La enemistad, la humanidad, las guerras", en el que, además de los datos para la mejor interpretación de las cartas, el lector encontrará diversas claves filosófico-políticas sobre la evolución de los conceptos: violencia, guerra, derecho y pacifismo.

La idea parte de Albert Einstein quien, en el marco de un organismo de las Naciones Unidas, Instituto Internacional para la Cooperación Intelectual, elige a Sigmund Freud como copartícipe en un análisis que el Premio Nobel formula así: "¿Hay una manera de liberar a los seres humanos de la fatalidad de la guerra?". Junto al porqué de la existencia y al porqué de la muerte y, en cierta forma, directamente relacionado con ellos, tal vez sea ésta una de las más importantes preguntas sin respuesta del ser humano. Y al decir sin respuesta sé, y no trato de evitarlo, que cometo la torpeza del desvelar el final de este apasionante libro. El mismo Freud, en el inicio de su carta, reconoce: "Al principio me asusté ante la impresión de mi -- estaba a punto de decir "de nuestra"-- incompetencia, pues aquella [la cuestión] parecíame una tarea práctica que corresponde a los hombres de Estado. Pero luego comprendí que usted no planteaba la pregunta en cuanto a investigador de la naturaleza y físico sino como amigo de la humanidad." Sin embargo, voluntariosamente, Freud sí intenta abordar el problema desde la psicología ofreciendo una explicación del instinto bélico en el hombre basada en sus pulsiones autodestructivas. Si la guerra se redujese a un problema de violencia de un individuo hacia sus semejantes Sigmund Freud, en la misma línea de su interlocutor y de otros muchos hombres de ciencia, letras y política de la época, se hubiera limitado a defender lo que consideraron única salida: la existencia de un gobierno de gobiernos, una entidad supranacional que obligue a cumplir la ley por la sola fuerza de la ley. Es decir, el derecho internacional cuyas bases parecieron tan firmes tras la Primera Guerra mundial y que hoy, a la vista de los acontecimientos, resultan casi de barro. Pero eso no es suficiente, la historia ha demostrado que no lo es, debido, siempre según Freud, a las mencionadas pulsiones de agresión o destrucción, odio y muerte, antagónicas al eros que es una pulsión favorable al amor y a la vida. El predominio de las primeras sobre las segundas tiene dos efectos nocivos para la humanidad: interiorizarlas comporta un exceso de moralidad y represión, proyectarlas una explosión de crueldad y violencia. Freud solo confía en la aparición de "una comunidad de personas que hubiera sometido su vida pulsional a la dictadura de la razón", una comunidad vencedera de esa aparente predisposición natural del hombre a doblegar a otros por la fuerza o mediante la cesación de la vida.

Llegados a este punto del discurso freudiano abordaremos, a mi juicio, uno de los puntos más interesantes del texto: el que hace referencia al posicionamiento del intelectual respecto a la guerra y el atropello de los derechos. Inmediatamente reconoce que la solución ofrecida a la pregunta de su amigo Einstein ni es muy útil, ni es muy eficaz para la urgencia de lo preguntado. Demasiada teoría. Pero ante la fatalidad, la inevitabilidad que representa la guerra para la humanidad, el intelectual no puede hacer otra cosa que indignarse no ya como ser humano al que la guerra envilece y denigra sino como "usuario" de una cultura moderna que, de forma orgánica y constitutiva, rechaza la violencia tanto ética como estéticamente. La guerra, sostiene, Freud es la peor enemiga de la evolución cultural y por eso resulta necesariamente insoportable a cualquier mente medianamente pensante.

Algo similar y en tiempo no lejano propugnaba otro cráneo privilegiado y otro pacifista militante, el genial matemático y filósofo Bertrand Russell, para quien la solución para los trastornos de la sociedad moderna, si es que existe, radica solo en la educación.

Somos hombres y mujeres alterados por los acontecimientos y sobreexpuestos a la manipulación informativa, a la crispación social, atacados por el malestar de la civilización y, lo que es más grave, inevitablemente sesgados por nuestra situación en el mapa de los conflictos bélicos. Creo que por todo ello éste es para todos un libro de lectura urgente e inaplazable. ("¿Por qué la guerra?, editorial Minúscula, Barcelona, 2001)

Tags: guerra

servido por bambu 4 comentarios compártelo

4 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Maria

Maria dijo

como has hecho para poner el reloj ahi??

estoy creando mi espacio blog y no se hacerlo.

Gracias maria diaz

27 Julio 2006 | 08:10 PM

bambu

bambu dijo

Hola María, sólo hay que clicar en las letras de debajo del relo. Aparece un web donde elegir el reloj que quieres y luegas pegas el víncula en la zona donde te parezca bien de tu blog

27 Julio 2006 | 08:38 PM

jreseco

jreseco dijo

Sin ánimo de minusvalorar el interés del intercambio epistolar e ideológico de dos lúcidas mentes, no me resisto a un poco de crítica radical y constructiva sobre el asunto. En primer lugar, relacionada con lo capcioso de la pregunta que formula Einstein ("¿Hay una manera de liberar a los seres humanos de la fatalidad de la guerra?"), pues no sólo está formulada en sintonía con su destinatario, sino, además, parece contener en sí misma la única respuesta posible: puesto que la guerra es una "fatalidad" -esto es, obra del fatum o de un destino incontestable-, no hay manera humana de liberarse de ella. En segundo lugar, en relación con la -esperada- respuesta de Freud; el ilustre psicólogo, que había descrito en su obra el funcionamiento del inconsciente humano, en el último periodo de su vida y obra, tal vez temeroso de llevar sus planteamientos hasta las últimas consecuencias, reacciona contra los mismos y desarrolla esa teoría fatalista de las dos pulsiones -eros y tánatos- que luchan titánicamente en el inconsciente de todo individuo y que parecen liberarlo de toda responsabilidad. No descubro nada nuevo: ya en los años treinta Wilhelm Reich criticó ese giro reaccionario en la obra de Freud y argumentó, sustentándolo con una amplia experiencia terapéutica, que la pretendida pulsión de muerte y autodestrucción no era sino efecto de la represión (en múltples niveles) del eros, y que ésta, a su vez, era consecuencia de una sociedad opresiva e injusta. Así se explica, entre otras cosas, la glorificación patriarcal y machista de la violencia, tanto espontánea como organizada, que es siempre patrimonio del poder. Obviamente, no hay recetas mágicas para cabar con la guerra y la violencia; en un caso como éste, más que apelar a explicaciones mistificadoras, tan sólo cabe la responsabilidad -de intelectuales y manuales- de decir "no".

9 Octubre 2006 | 07:13 PM

Bambú

Bambú dijo

Juro que al empezar a leer interpreté que con lo de lúcidas mentes se refería a los anteriores comentarios entre una lectora y yo misma a propósito de cómo colocar el gif del reloj en la página. Qué mal ando, por favor.
La cuestión que plantea el amigo Jreseco es una matización que amplia el sentido del diálogo entre los ilustres pensadores. Hoy por hoy nadie duda de la componente reaccionaria que se encierra en algunas de las conclusiones de Freud a sus propios estudios, ni de caracter más amplio de los estudios de su discípulo quien nunca admitió la tendencia fatalista del hombre hacia la autodestrucción, prefiriendo presentarlo como un tema de represión. Al fin y al cabio llegamos al mismo punto reconocido por maestro y alumno: la necesidad de una educación racional pero no represiva.
El post de Jreseco me incita a seguir hablando del autor de La función del orgasmo pero como ahroa nado corta de tiempo me limito a citar un párrafo del un artículo sobre él "Wilhelm Reich y el fascismo" de Ignacio Dobles Oropeza, (Universidad de Costa Rica) y dejar aquí emplazado el tema para mejor ocasión:

Reich era, políticamente, un personaje sumamente incómodo para el establishment psicoanalítico, dirigido por Freud. En su autobiografía, escrita en los años cincuenta, cuenta cómo, ante un escrito suyo acerca del masoquismo en que criticaba la teoría freudiana, Freud hace una advertencia editorial en la revista Internationale Zeitschrift para aclarar que era una publicación abierta a todos los psicoanalistas, pero que en el caso de Reich había que hacer la observación de que se trataba de un “miembro del Partido Bolchevique”, lo que limitaba su “libertad de investigación”. De paso le cuenta a Sandor Ferenczi que la posición de Reich era “el colmo de la tontería” (Dahmer, 1983).
Reich contesta que parecía no existir esa libertad en las discusiones políticas y sociológicas en la Asociación Psicoanalítica, destacando que su crítica a ciertos aspectos de la teoría freudiana antecedía a su encuentro con el marxismo. Lo curioso es que ya en los años cincuenta, en que se ha desentendido de la militancia política, Reich termina dándole la razón al Freud censor. Pero en los años treinta, este analista y militante era un serio problema para un Freud que intentaba, ilusamente, por cierto, desvincular la institucionalidad psicoanalítica de las tormentas políticas de la época (Dahmer, 1983).
Cuando emigra a Estados Unidos, en 1941, Reich es perseguido por el FBI y seguido minuciosamente por J. Edgar Hoover, director de este organismo. Podemos leer en los informes a que se tiene acceso de acuerdo con el Freedom of Information Act correspondientes a estas fechas, que se sospechaba de su “trayectoria comunista” y de su “influencia entre las mujeres doctoras”.

10 Octubre 2006 | 11:00 AM

Escribe tu comentario


Sobre mí

myspace layout

myspace layout

RelojesWebEspana!
Image Hosted by ImageShack.us Apoiamos a Isaac Díaz Pardo Image Hosted by ImageShack.us

Fotos

bambu todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Enlaces

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera