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La Coctelera

Bambú

La realidad nos da caña ¿por qué no devolvérsela?

27 Julio 2006

Mercadillos

Una, dos y tres
Una, dos y tres.
Una, dos y tres.
Lo que usted no quiera
para el Rastro es.

Era a propósito del famoso mercadillo de segunda mano madrileño, llamado el Rastro, y era que así cantaba, así, así, un olvidado (no por mí, pero olvidado) cantautor de la transición española, de nombre Patxi y de apellido Andión. Algunos mercados de segunda mano, de ocasión, también llamados mercadillos, han alcanzado cierto renombre: el Rastro de Madrid, los Encantes de Barcelona y el más célebre de todos el Marché Aux Puces de París. Aunque puede encontrarse en sus tenderetes alguna antiguedad de relumbrón y hasta alguna primera edición de libro raro y curioso no es ese su principal atractivo. Es más la posibilidad de encontrar de todo. Desde antaño van a parar allí lo que una parte de la sociedad ya no quiere y lo que otra parte de la sociedad necesita por necesidad, valga la redundancia, o desea por capricho.
La cuestión es que en un mercado de ocasión uno espera econtrar cosas usadas pero todavía usables a precios razonables. Pero hete aquí que el capitalismo ha llegado a "contaminar" este genuino territorio de semitrueque y ahora, los vendedores espabilados como siempre y espoleados como nunca por el gusanillo de la ganancia, tienden a tasar la mercancía a precios que nada tienen de ganga. Dirán que les cobran más por su puesto, que quienes les venden al mercancía piden más... no seré yo quien lo niegue. Pero ya no hay búsqueda de chollo, ni posibilidad de regateo. "Tanto por tanto y si no lo dejas que prefiero no vender a vender barato", esa es la frase que lees en los ojos de los vendedores que ya no se molestan en explicarlo de viva voz.
Tal vez sea este el motivo por el cual otro de los mercados de ocasión célebres en la ciudad de Barcelona, el Mercado de San Antonio, ve desaparecer lentamente sus paradas de libros, periódicos y revistas (su especialidad de los domingos) en favor de las paradas de videojuegos, posters de películas y muñecos de goma.
Para no ponerme nostálgica y romperme las vestiduras cual anciano cronista de provincias diré que un domingo conseguí en el citado Mercado un CD del olvidado, no por mí, cantautor Patxi y a un precio irrisorio: cero euros. Si les digo que el vendedor era amigo romperé el encanto ¿no?

Tags: mercadillo

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