LOCURAS DE BROOKLYN de Paul Auster (Anagrama / Edicions 62)

Yo, que no acostumo a hablar abiertamente de mi vida en este blog, hoy les voy a confesar un secreto. El escritor norteamericano Paul Auster, de tanto en tanto, se acerca a mi, en cualquier momento del día o de la noche, y me cuenta historias. Sí, como lo oyen:le tengo, como una Sherezade comtemporánea, contratado por una cantidad módica y cumple con ese servicio una o dos veces al año. No me las cuenta de una vez, sinó poco a poco, en una semana,semana y media como máximo. Escoge casi siempre los mismos lugares para explicarme sus historias: el metro, mi habitación o, muy de tarde en tarde, la mesa de un bar. Últimamente me ha explicado la historia de un hombre jubilado, convaleciente de una dura enfermedad, divorciado y cansado de su vida. Un hombre que, con intención de acabarla más pronto que tarde, se instala en el barrio de su infancia Brooklyn. ¿Cómo? ¿Qué esa es el argumento de su última novela y que no me la ha contado a mí en exclusiva sinó que la pueden conocer cualquiera de los que han comprado su libro? Efectivamente. Ha sido a través de su libro como también yo he conocido la historia. Pero ahí está la Gracia,con mayúscula, que es el don con el que ha sido tocado Auster: en que, por lo que a mi respecta, esta historia me la cuenta a mi como un amigo con el que quedas una tarde. Es un relato que crece ante mis ojos poquito a poco, sin prisa pero sin pausa, con un inconfundible toque de narración oral, confidencial en la que, incluso, a veces tengo la sensación de que ni él, narrador, ni yo, sabemos qué va ha suceder en el párrafo siguiente. Como sucede en la vida, en la más programada y sentenciada de las vidas, todo es posible que suceda al doblar cualquier esquina. Cualquier esquina de cualquier barrio; el de Brooklyn, por ejemplo.




