AUSTER, SEGUNDA PARTE
Decíamos ayer:
La cosa quedó en si Paul Auster había escrito una obra menor o no. ¿Menor que cuál? O mejor, con ánimo de ofender, ¿menor que quién? ¿Menor así mismo, a sus propias obras?
Bueno, no es imposible ya que Auster en inglés no significa infalible. Pero, y si me equivoco que me corrijan, creo que un autor siempre escribe la obra que quiere escribir. No tan buena como quisiera pero sí la que se propuso. Y a pesar de que Viajes parezca una versión del Trivial con la que el autor haya querido obsequiar a sus seguidores empedernidos, creo que es algo más. Primero es un ajuste de cuentas creador versus criaturas y viceversa en la más rancia tradición literaria de Pirandello a Unamuno pasando por Cervantes. De ahí el manuscrito encontrado, el personaje rencoroso, la desubicación espacio-temporal, también el divertimento y los rasgoshumorísticos de verse así mismo senil y con los pantalones bajados. Después viene la reflexión sobre para quién se escribe, para qué, desde dónde y contra qué. ¿Contra la desmemoria, el olvido, el paso del tiempo? Míster Blank es la pared vacía donde colgar viejas fotografías de desconocidos, la página en blanco que amanece siempre en blanco.
Y finalmente la dosis de medicameto disimulada en el caramelo. Mientras estamos distraídos y nos sentimos superiores en el morboso jueguecillo de identificar las claves de la novela, mietras nos agazapamos espiando al autor que se espía a si mismo con unos cuantos años de más,hay otro autor escribiendo un relato breve, casi una parábola sobre los peligros de un sistema de gobierno capaz de inventar enemigos terribles que justifiquen la permanencia en el poder de los gobernantes. La democracia en manos de creadores de falsos imperios fundamentados en falsos temores. Esa democracia que, según el autor ha declarado en alguna ocasión, es la religión de los que ya no pueden creer en otra cosa.
No quiero defender a Auter, ni defender Viajes por el scriptorium. Sin duda se defienden por sí solos y contra los gustos los colores. Pero quería decir, y vive Dios que por fine ncontré el momento de decirlo, que no me parece que este sea un libro menor ni que su autor lo haya escrito pensando en otra cosa.
Claro que, y ahora un cotilleo de propina,cosas en las que pensar no le faltan a este hombre que acaba de rodar The inner life of Martin Frost, una película de tema erótico basada en un personaje de su novela El libro de las ilusiones. Para ponerlo más intersante, el escritor andaba explicando que el presupuesto es mínimo, que hay cuatro o cinco actores, que uno de ellos es su hija y que se ha rodado en parte en Portugal. Si por un casual se le ha ocurrido rodar un making-off se lo van a criticar seguro, porque las gentes que no están interesadas en los procesos creativos, en los rincones de trateros ycajones, en las paradas para tomar café, no entenderán que Paul Auster no se dedique sólo a ecribir obras maestras, por supuesto, mayores.





lemur dijo
Creo que tienes un síndrome Auster profundo pero lo del caramelo envenenado es verdad
1 Marzo 2007 | 07:22 PM