Este hombre con cara de espadachín es Tom DiCillo y es el responsable de Delirious, un film de esos que a mi me dan mucha envidia porque le sirven al director para aclarar sus propias dudas y encima recibe dinero por hacerlo. DiCillo nos ha dado su opinión sobre el mundo del famoseo y el espectáculo que le fascina no tanto por el fenómeno en si como por el efecto que causa en quienes se acecan a él.
Entramos, por la puerta de atrás, en un mundo delirante y artificial de semi-dioses de la belleza y productos de éxito que, en el fondo, no son más que gente... gente corriente. Tan corriente como el paparazzi de poca monta que sobrevive a su propias miserias escudriñando las de los demás con la ayuda de un teleobjetivo.

El acierto de escoger a Steve Buscemi para interpretar a Les Galantine, el pícaro y resabiado reportero gráfico neyorkino, es incuestionable. Él soporta el setenta por ciento de la sustancia del film y lo hace como siempre con oficio y sensibilidad. Pero haber escogido como co-potragonista al joven actor, modelo y cantante Michael Pitt es otra canasta de tres puntos. Y no porque sea buen actor (aunque ha trabajado con Bertolucci y Gus Van Sant su mejor actuación seguro la tuvo hace tiempo delante de las cámaras de Armani) sino por su imagen de eterno bebé rubio sobrealimentado, estudiadamente desaliñado, inocente y sexy es el contrapunto perfecto para un Buscemi oscuro y grunge. Como una parodia del ángelote y el demonio que al final no resultan ser ni tan bobo ni tan perverso: un joven guaperas dispuesto a monatrse en la limousine de la fama pagando el precio y a un viejo fotógrafo traumatizado por su familia y sus fracasos profesionales.

Tom DiCillo ha declarado que para él Les Galantine, el perdedor que no deja de luchar, es el veradero héroe de la película; pero no sé porqué tengo al sensación de que eso no era lo que se proponía plantear en un principio. ¿Será que los paparazzi desalmados y los directores indie tienen su corazoncito?