El humorista y escritor catalán, Toni Soler, decía ayer en su columna de La Vanguardia que en marzo de 2008 vamos a tener que elegir entre la naftalina de Rajoy y el almíbar de Zapatero. Y yo me puse muy triste. El tremendismo enfermizo frente a la ingenuidad optimista, nos harán elegir buscando nuestro voto anímico. Así los “hoy me siento bien, he dormido Flex” votarán a Zapatero y los “el coche que nunca tuviste” votarán a Rajoy. Tantos años de ejercicio de la democracia nos han llevado a la simplificación más absoluta de nuestra temperatura política. Hemos caminado un largo trayecto y en él se nos han caído el resto de opciones políticas. Algunas, aunque tampoco sea para echar cohetes, se refugian en las Autonómicas y en las Municipales. El pantone político español para las generales sólo tiene dos colores.

La sociedad española está inapetente, ataráxica, medio adormecida… se motan pequeños saraos polémicos tipo las críticas a la institución monárquica española, las críticas a la familia Franco por el Pazo de Meiras, las críticas a un Carod-Rovira cabreado porque no le llaman por su nombre (sólo faltaba que le llamaran Pepe Lui, para que hubiera infartado). Son pequeñas válvulas de escape para los que necesitan desfogarse, son el casquete semanal con la/el parienta/pariente, la pataleta en el patio del cole la hora de la merienda cuando mamá nos ha vuelto a echar lo que menos nos gusta.


Mientras, La vida de Felipe González en el Laberinto de la Memoria en Telecinco. Victoria Prego sustituida por María Teresa Campos, aaaahg, sí que hemos cambiado. Y Raquel Revuelta en Cuatro presentado un programa de viajes a lo Nacional Geographic. Ya no tenemos criterio. Ni en lo político, ni en lo televisivo.