El fusilamiento de Torrijos es una obra del pintor Antonio Gisbert realizada por encargo del gobierno liberal de Práxedes Mateo Sagasta, durante la regencia de María Cristina. Su protagonista, el capitán general de Valencia José María Torrijos (1791-1831), había sido ministro de Guerra durane el Trienio Liberal. La nueva subida al poder de Fernando VII, el déspota que usaba paletón, le llevó al exilio. Desde Inglaterra intentó sin descanso un desembarco en su país con hombres de confianza que le ayudaran a destronar al tirano absolutista, una empresa a la que ya veía dedicándose desde joven. Hasta su reloj empeñó tratando de hacerse con un barco que recogiera de las costas de Marruecos a los liberales allí exiliados. Cuando lo consiguió, fue víctima de una traición por la que él y sus hombres fueron detenidos. Sin juicio y acusados de alta traición, el 11 de diciembre de 1831, se les fusiló en una playa malagueña. Su delito: luchar por la libertad.

Ahora la Monarquía española del siglo XXI, flanqueada por el presidente socialista, reabre el Prado fotografiándose delante del lienzo. Esta vez no han utilizado el Guernica. Que nos se nos escape la elección interesada de este cuadro. Quedan muy bien, todos en primera línea de fuego, pero a mi la imagen que pretenden dar no me cuela.