Síndrome post- vacacional: ¿existe? ¿podría ser uno de esos padecimientos que, según dicen, inventan en comandilla médicos (en este caso psicólogos) e industrias farmaceúticas? Tamaña teoría de la conspiración quedaría, a mi juicio, refrendada con noticias como: "Rumores de boda de la Duquesa de Alba", "Raquel Mosquera nuevamente ingresada en la López Ibor", "Operada la real pituitaria de Doña Letizia"... suma y sigue. Yo, alma cándida, me deprimo. Y quiero regresar, quiero pero no sé a dónde debo regresar.

Y eso que la que escribe el post volvía, de este paréntesis vacacional, más sabía de la vida y con el chic remozado, más estilosamente madura que nunca después de la apasionada y apasionante lectura del libro de Boris Izaguirre "Morir de glamour". Ipso sigo una de sus recomendaciones y me compro el ¡Hola!, ese Quijote del siglo XX que perdura en nuestros días, dispuesta a preparar el otoño y lo que se tercie. Pero no sé, no puedo, con este tipo de noticias no encuentro el ánimo. Voy a necesitar algo más que el ¡Hola!; tal vez más libros de Boris. Que si me estás oyendo-leyendo, darling, te cuento: excepto "Villa Diamante", encantador finalista del último Planeta, tienes el resto de la obra agotada-descatalogada. Habla con tu representante literario o me veré en la penosa obligación de leerte de segunda mano. No es que les haga ascos a los libreros de viejo pero hay libros para leer de segunda y hay libros que deben ser desvirgados oliendo a papel nuevo y a tinta. Los tuyos son de éstos últimos, sin discusión.

Sigo en el páramo: la casa de Jaqueline de la Vega en Bali, con sus dimensiones de campo de futbol a la balinesa ya la conozco como la palma de mi mano, y la boda de Lequio con María Palacios, ¡oh! finjamos sorpresa y alegría, es como un deja vu para todos menos para María, claro.

Decidido, no deshago las maletas, me voy. Concedo a la actualidad una semanita más. La ansiedad nunca nos hará más elegantes.